Sebastián Viera les pone alas a sus récords con el Junior

Mario Sebastián Viera Galaín llegó a Barranquilla el 3 de enero de 2011 y nunca se fue. En Colombia encontró el amor y también sus mejores momentos deportivos. Es difícil hablar del Junior sin pensar en la presencia de uno de los uruguayos más barranquilleros del mundo. El otro ya es leyenda, Julio Avelino Comesaña.

Viera no para de imponer récords. Esta semana, el Centro Internacional de Estudios Deportivos (Cies) lo reconoció como el jugador con más partidos disputados con el mismo club, desde abril de 2011. Pero esa cifra, además, estuvo marcada por una época gloriosa en el Junior. Y ahora busca una nueva corona: este domingo defienden la ventaja de 3-1 contra Santa Fe en los cuartos de final de la Liga, en Armenia (1 p. m., con señal de Win Sports +).

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“Eso me pone muy contento. Son muchos años. Gracias a Dios he mantenido una regularidad jugando, siempre he estado presente, ayudando al equipo. Eso me gusta, no solo por ser el primero en esa estadística, sino porque uno hace muchos sacrificios para estar dentro de la cancha todos los partidos. Cuando le muestran a uno esos datos, los valora más”, le dijo Viera a EL TIEMPO.

Viera, nacido en Florida (Uruguay) el 7 de marzo de 1983, dio el salto a Europa antes de llegar a Barranquilla. Llegó a los 12 años a Nacional de Montevideo y allí debutó como profesional. “Siempre quise ser arquero porque admiraba a mi padre, que también lo era. Después, en mi adolescencia, miraba mucho a Gustavo Munúa, y luego, más grande, seguía a Óscar Córdoba”, recordó.

A los 21, ya como portero titular de Nacional y de la Selección, iba a ser transferido al Arsenal. “Cuando voy a Inglaterra, me detectan un quiste en la cadera, que no sabía que lo tenía, y no paso la revisión médica. Al mes y medio, el que me contrata es el Villarreal”, dijo.

En el club español duró cuatro temporadas. Y en la primera hizo parte de una campaña sensacional, en la que el equipo llegó a la semifinal de la Liga de Campeones. Justamente, los eliminó el Arsenal, que les ganó en Highbury 1-0. En El Madrigal, el juego salió 0-0 y Villarreal estuvo muy cerca de pelear por la final: Juan Román Riquelme erró un penalti al final del juego.

Tras un subcampeonato en la Liga, en la temporada 2007-2008, Viera se fue a Grecia, a jugar al Larisa. Pero la nostalgia lo hizo volver, primero, a Uruguay, y de allí, saltó a Colombia.

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“Llevaba año y medio en Grecia, me quedaban tres años más de contrato, pero extrañaba muchísimo: estaba solo, extrañaba a mi hijo mayor, que vive en Chile. Decidí volver a Suramérica. Vine a mi casa en Uruguay en diciembre y al otro día me llamó Arturo Char, que era el presidente de Junior en ese momento. Hablamos como una hora y arreglamos todo”, expresó.

Desde el primer partido oficial, Viera aprendió, de golpe, la diferencia entre jugar en Europa y en Colombia. La expectativa con su llegada fue enorme, por lo hecho en la Champions. Pero tenía que adaptarse a muchas cosas, como el clima.

“En ese debut no me fue nada bien: fue en Magangué, contra Real Cartagena. El partido era a las 3:30 de la tarde. Yo tenía la costumbre de salir una hora antes a calentar. Salí a las 2:15: terminé con insolación, llegué con mareo al vestuario. Perdimos 4-2”, aseguró.

Las cosas fueron cambiando y en diciembre de ese año celebró su primer título con Junior: le ganaron la final a Once Caldas. “Recuerdo ese momento con mucha alegría. La llegada de Manizales a Barranquilla fue inolvidable. Nunca había vivido una caravana así”, expresó.

También por esos días nació uno de sus símbolos: el buzo de arquero con unas alas alrededor del número 1.

Sebastián Viera

Sebastián Viera en 2011, con uno de los primeros diseños de su buzo, ya con las alas.

Foto:

Óscar Berrocal – Archivo EL TIEMPO

“Recién llegué acá, nos fuimos de pretemporada. Había partidos amistosos y las camisetas de arquero no habían llegado, así que tenía que atajar con la camiseta alternativa. El utilero me dice que si mandábamos a hacer un buzo. Yo le dije que sí, no sabía que se podía hacer eso. (Leider) Frías, el utilero, me dice: ‘Vamos a ponerle unas alas’, por el apodo que me pusieron, ‘El ángel del arco’. Hoy en día es una marca que me identifica y el día que no tenga las alas me sentiría raro”, explicó.

En la cancha hay otro sello registrado de Viera: los goles de tiro libre. Ya ha anotado ocho en la Liga colombiana. Además, hizo uno en la Copa Suramericana, a Deportivo Lara, y otro en la Libertadores, a Barcelona de Guayaquil.

“Comencé en 2016: ese año no metíamos muchos goles de tiro libre. El primero fue contra Millonarios; ahí me tomé mucha confianza, lo empecé a trabajar mucho desde antes: Diego Rojas era el entrenador de arqueros, a veces llevaba otro portero, a veces solo con la barrera. Hice el primero y de ahí en más seguí pateando”, señaló.

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“Hay que entrenarlo mucho para tomar confianza, automatizar el golpe. Sin entrenamiento no me sentiría con confianza para ir a un partido y cobrar un tiro libre”, agregó.

A los 38 años, Viera vive feliz en Barranquilla: “Llegar a Colombia fue una bendición. Algunos pensarán que no lo tomé así por mi pasado en Nacional, en Villarreal, en Grecia. Venir a Barranquilla fue lo mejor que me pasó, no solo en lo futbolístico: acá me casé, tengo mis hijos. Vivo contento de sentirme bien a esta edad, de tener las mismas ganas que cuando empecé a jugar al fútbol”.

José Orlando Ascencio
Subeditor de Deportes
@josasc

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