Santiago Mosquera Mayo, el James del balonmano colombiano

Tras estampar su firma en un contrato, el antioqueño Santiago Mosquera Mayo se convirtió en 2017 en el primer jugador colombiano de balonmano en hacer parte de un equipo profesional de Europa y, sin saberlo, casi que también significa su retiro de las canchas.

Pero estaba escrito. Ese tenía que ser el comienzo, no de otra manera, de lo que ha sido el ascenso progresivo de una carrera en la que cada temporada se consolidad en su posición natural, la de lateral, para que hoy por hoy, el espigado jugador de 1,93 metros de estatura, haga parte del reconocido club profesional en Gdansk, una de las ciudades más turísticas, ubicada en la costa norte en Polonia.

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Y se puede afirmar que esa primera firma laboral que lo ligó al Eurafarm Rabotnik, un club de Bitola, en Macedonia, casi acaba de entrada con sus sueños porque esa incursión no fue para nada fácil. Lo que inicialmente se presentaba como la gran oportunidad de la vida para los siguientes tres años, se convirtió en la peor pesadilla. Fueron meses oscuros, de incertidumbre, de soledad, de amargura, de poco juego, de sacrificios y de sufrimientos, pero al fin y al cabo, también fue una etapa que se debía quemar y de la cual también sacó provecho.

Cuando cursaba tercero de primaria, el pequeño deportista con solo 8 años dejó el fútbol, luego de participar en el célebre torneo Pony Fútbol, y escogió al balonmano dentro del programa de desarrollo deportivo del colegio Corazonista de Medellín, que se ha convertido en toda una cantera de este deporte. Fue la iniciación en esa disciplina gracias a los formadores de la institución educativa que aprovecharon las características físicas del niño. Y el resultado final se reflejó 15 años después, al ser el primer jugador de balonmano que jugó como profesional en Europa.

Un arquitecto, pero del balonmano

“Luego de un torneo Panamericano en Buenos Aires (Argentina) con la selección nacional llegaron muy buenos comentarios y me ‘empeliculé’. Me llegó un correo y todo se fue dando. Yo sabía que era muy difícil, nunca nadie había jugado balonmano profesional fuera del país. Conocía gente que se había ido, pero regresaba con la frustración. Bueno, estaba estudiando arquitectura y cancelé a escondidas el semestre, casi que me echan de la casa (risas). Todo por dedicarme de tiempo completo al balonmano y arranqué hacia Macedonia”, relata Mosquera.

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Y con detalles puntuales agrega a la narración que “en Macedonia no me fue muy bien porque tuve problemas, más que todos sociales, eran muy racistas y sufrí de xenofobia, al final terminé rompiendo contrato”.

Santiago Mosquera Mayo

Santiago fue el primer jugador colombiano en firmar un contrato con un club profesional en Europa.

Foto:

Tomada de la página oficial de Wybrzeże Gdańsk

El balonmanista confiesa que ese fue el momento más difícil que ha vivido en su trayectoria como deportista profesional.

“Fue esa primera vez que dejé el deporte porque estaba decepcionado y yo pensaba que era como fútbol, que si firmaba a un club profesional, vendría un gran momento, mejoraría mi vida, pero me estrellé, y duro. Llegué allá a un cuartico oscuro, un ambiente lúgubre, a un edificio viejo que tenía más de 100 años, al cual se le caían las escaleras y un clima muy frío”, relata con detalle.

La gente me trataba como una basura por no ser de allá y así soporté 6 meses muy pesados por el clima, realmente todo fue complejo, pero al final tenía una responsabilidad conmigo y con Colombia…

Y posteriormente sorprende con una inesperada confesión: “La gente me trataba como una basura por no ser de allá y así soporté 6 meses muy pesados por el clima, realmente todo fue complejo, pero al final tenía una responsabilidad conmigo y con Colombia y con toda la gente que me estaba siguiendo. Entonces me aguanté lo que pude y luego me fui a otro país para dejar esa angustia e intentar seguir con el sueño mío y el de varios amigos más”.

Y entre esos amigos a los que nunca podría defraudar está Juan Santiago Díaz, que de acuerdo con Mosquera es “como mi segundo papá, mi entrenador en vida personal. Él fue el que me robó de fútbol a balonmano, pues me dijo que me vio las manos muy grandes, los pies muy grandes y avizoró lo que yo podía crecer en el balonmano”.

‘Todos atacan y todos defienden’

Físicamente, el jugador de balonmano es más o menos como el de baloncesto; alto, espigado, pero muy explosivo, un poco más pesado porque en handball sí hay contacto. Entre más altura tenga es mejor ya tiene un mejor panorama de la cancha el arco rival y de sus rivales.

En el balonmano, juego en el cual se puede marcar goles con la cabeza o cualquier parte del cuerpo a excepción de las rodillas para abajo, hay extremos, pivotes, centrales y laterales, todos atacan y todos defienden dependiendo la estrategia. Mosquera juega en la posición de lateral izquierdo y en la selección nacional se ubica como central.

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“Yo, generalmente, me desempeño como lanzador desde afuera, pero con el recorrido y la experiencia que he adquirido, ahora me considero un jugador de mucha asistencia. En la selección yo creo que lo que más aporto son asistencias. También convierto goles”, añade el jugador desde Gdansk, mientras ve cómo cae una ligera lluvia, aunque el clima por esta época del año es más benévolo en esa región polaca.

Después de su paso por Macedonia, club en el que pese a que vivió mucha incertidumbre, de todas maneras tiene un buen recuerdo por sus buenas actuaciones en algunos de los partidos, como aquel célebre duelo contra RK Vardar, que ha sido campeón de la Liga de Campeones, y en el anotó un gol, llegó a Portugal, donde defendió las camisetas de los equipos ADA Ismai y Sporting Horta, este último en las islas Azores.

Santiago Mosquera Mayo

Santiago, con su primer equipo en Macedonia, acompañado por el español Joan Cañellas, bicampeón europeo de naciones y campeón Champions League con el Vardar.

Foto:

Archivo particular

El balonmanista colombiano permaneció en la liga lusitana durante dos temporadas, pero en el último club tuvo problemas de incumplimiento de pagos, de manera que llegó un momento en el cual se sintió desilusionado. Ya eran tres temporadas como jugador profesional en las que los ingresos no daban con los gastos y el ambiente no había sido el mejor. En pocas palabras, no era feliz y comenzó a cuestionarse si de verdad el balonmano había sido el mejor camino elegido.

Al final, empacó sus corotos y decidió regresar al país, para luego meterse en otra aventura, arriesgada, pero también emocionante. Tomó destino a Australia, donde tenía pensado darle un vuelco a su vida. Ahora sus prioridades eran viajar, trabajar y ahorrar dinero ya que en su deporte no había visto los mejores resultados.

De Australia a España

“En ese momento sentía que el balonmano ya no era lo mío, se había apagado la pasión y tampoco veía ingresos económicos, entonces dije, no vale la pena seguir en esa lucha. En Australia trabajé en la construcción, en limpieza, también hice domicilios en bicicleta, hice de todo allá. Bueno, y ahorré algo de dinero”, explicó.

Después de unos meses decidió regresar a Europa y tuvo contacto con varios amigos y llegó a España a donde uno de ellos -Anderson Caicedo, reitera- para pasar unos días allí. Se entrenó con él y fue allí cuando alguien del cuerpo técnico del equipo le dijo que si quería entrenar como invitado, y Santiago aceptó de inmediato.

Luego de unos días, tras observar su desempeño, llegó una oferta formal para que hiciera parte del club, el Romo de Bilbao. Jugó unos partidos en la parte final de 2019. Lamentablemente, sufrió una lesión, no tan grave, pero que le impidió jugar, justo a comienzos de 2020, cuando comenzaba a percibirse la magnitud mundial de la pandemia del coronavirus.

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Entonces, decidió regresar a Medellín para hacer la recuperación de su lesión y estuvo parado casi un año, también debido a la pandemia, pero mantuvo su estado físico y mental, ya que su objetivo era volver con más fuerza y llegar a una liga de nivel top.

Santiago Mosquera Mayo

El colombiano el día que fue presentado oficialmente con el equipo polaco y muestra la camiseta con el número 5.

Foto:

Tomada del Instagram de Wybrzeże Gdańsk

“Realmente había estado en equipos profesionales, pero estaban lejos de estar entre los mejores de sus respectivas ligas. También reconozco que no puse el suficiente esfuerzo por mejorar mi nivel. Luego llegaron ofertas de Francia y España, pero los documentos estaban muy complicados porque pedían visa de trabajo y al final un club de Polonia, de los más reconocidos y con historia, terminó haciendo una oferta buena. Me ayudaron con los documentos legales y terminé llegando acá, aquí estoy muy contento”, subraya el deportista que este 19 de abril cumplió los 24 años.

Por fortuna no fue necesaria ninguna cirugía para la lesión luego de sufrir el daño en el ligamento posterior. Al principio, el primer diagnóstico, fue una semiruptura, pero después confirmaron la rotura completa. Sin embargo, esa lesión en el posterior se puede acudir a la cirugía o a la rehabilitación. Al final optó por esta última opción.

Recibimiento de estrella

Sobre su llegada a Gdansk y al equipo Wybrzeże Gdańsk, a la fecha el tercer club con más títulos de liga polaca tras Śląsk Wrocław y el KS Vive Kielce, reconoce que fue duro, diferente a su natal Medellín, la de la eterna primavera, pero emocionante. Eso fue el pasado 9 de febrero. “Me recibieron como a una estrella”, admite.

“El día que llegué la temperatura estaba a unos 11 grados bajo cero, todo se veía congelado. En la temporada he jugado algunos partidos de titular, pero lo que he hecho lo he hecho bien. Me han sacado videos y notas en los noticieros locales. Estoy cumpliendo expectativas, todavía necesito mucho más tiempo por el idioma y pues por otras cosas que dificultan un poquito la llegada y todo. El polaco es duro de aprender, aunque soy bueno para los idiomas, hablo inglés, portugués y estoy aprendiendo alemán. Ya estoy buscando universidad para seguir estudios de negocios internacionales o administración de empresas, eso realmente me gusta, de la arquitectura, mejor ni hablar”, reconoce.

También podría ser el Pibe Valderrama, ya que fui el primer jugador de balonmano de Colombia en salir al exterior, aunque también, al igual que James, soy un gran pasador, doy muchas asistencias

Por su juego colectivo, su gran capacidad de asistidor para dejar a sus compañeros de equipo a lanzamiento de gol, su calidad técnica, su compañerismo y también por su cuota ofensiva en los arcos contrarios y su trayectoria, Santiago viene siendo como el James Rodríguez del balonmano colombiano.

“Claro, también podría ser el Pibe Valderrama, ya que fui el primer jugador de balonmano de Colombia en salir al exterior, aunque también, al igual que James, soy un gran pasador, doy muchas asistencias y cuando tengo el arco al frente, pues no perdono, siempre trato de convertir, este año la quiero romper y seguir adelante con mi sueño deportivo”.

‘Se ha mejorado, pero falta mucho’

Con respecto al desarrollo del balonmano en Colombia reconoce que “estamos muy quedados a comparación de otros países, pero el último año estuvimos subiendo mucho el nivel porque cuando yo me fui también comenzaron a salir otras figuras a Europa”, por lo cual ya son varios de los deportistas que están tratando de hacer su propio camino en diferentes ligas del viejo continente.

Santiago Mosquera Mayo

Santiago ha sido uno de los referentes de la selección en sus diferentes actuaciones  internacionales.

Foto:

Archivo particular

“Hemos subido un poquito, pero seguimos estando muy por detrás en un nivel profesional, lejos de aspirar a un mundial o a los Juegos Olímpicos, pero ahí vamos. Igual, el equipo es muy joven, entonces, sí hay buen proceso, pero necesitamos, como siempre, del apoyo estatal para lograr una mejor evolución”, confiesa.

El antioqueño admite que recientemente se presentó un cambio en la Federación de este deporte, que mejoró bastante la situación. “Nosotros antes nos pagábamos todo, asistir a los torneos con selección Colombia, nos pagábamos tiquetes y la estadía, el hotel, para representar al país teníamos que pagarlo todo. Y si nos iba mal, pues hablaban basura de nosotros y si nos iba bien, ahí sí éramos la selección y todos querían salir en la foto”, puntualiza.

El jugador, que en su equipo luce la camiseta con el número 5, sueña en un futuro con ser parte de un club de Francia o Alemania, las ligas más fuertes profesional y económicamente de este deporte, al igual que le gustaría jugar una Champions League y asistir a un mundial con la selección.

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“Eso está muy lejos todavía, pero soñar no cuesta nada”, enfatiza Mosquera y agrega que el balonmano le permite en este momento tener un buen contrato, ganar bien y tener ciertas comodidades, en otras palabras, vivir más tranquilo.

Antes de cada partido, siempre escucha música muy lenta, alguna sinfonía o también pone una lista de reproducción, todo esto para controlar los nervios y eso le ayuda a calmarse para no pensar en el encuentro.

Santiago Mosquera Mayo

Mosquera en una de sus celebraciones tras anotar un gol con su equipo en la liga polaca.

Foto:

Tomada de la página oficial de Wybrzeże Gdańsk

El mensaje que le deja a los jóvenes que siguen este deporte es sencillo. “Si tienes una pasión hay que seguir dándole, yo nunca me lo imaginé, pero ahora las puertas son mucho más fáciles, ya no es como antes que no había la posibilidad de salir y vivir de esto. Ahora sí se puede, entonces hay que entrenar duro. Es lo que puedo decir desde mi experiencia, a cada uno le va a llegar su momento, tarde o temprano, y ahora hay muchas más posibilidades económicas para pensar en un mejor futuro”, concluye el balonmanista antioqueño.

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JAVIER ARANA
En Twitter: @arana_javier
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