El drama del descenso: el escenario que le espera a Pereira o Chicó

La B asusta. Bien dicen que es como un fantasma al que todos le huyen, porque equipo al que agarra, lo condena al ostracismo de la segunda división: ese infierno donde no se pelea por las estrellas. A ese purgatorio del anonimato y la recesión económica, y del que retornar es una tortura, caerá este domingo otra víctima: Boyacá Chicó o Deportivo Pereira. El fantasma está sobre ellos.

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Evitar el descenso es esa odiosa batalla en la que los futbolistas no aspiran a héroes sino a sobrevivientes. La lucha en la que no se celebra ser primero sino evitar ser el último. Ese drama se repetirá en dos estadios. Pereira, local contra Pasto. Chicó, local contra Jaguares. Como tienen los mismos puntos, ya no les basta jugar con el corazón. El milagro necesita de calculadora.

El drama del descenso

Irse a la B no es solo un golpe al prestigio de un club o al orgullo de un hincha. Quienes han padecido el descenso coinciden en que es realmente un calvario: la tortura del olvido. Los equipos pierden la visibilidad de la que gozaban en la A. Muchos patrocinios se alejan, indiferentes a los equipos que poco se ven en la TV. Y los que no se ven no venden. Y si no venden, no compran. No se arman. No tienen cómo. Lo que ganaron en la A lo pierden de tacazo.

El Atlético Huila, que es uno de los equipos tradicionales que hoy está en la B, perdió la categoría en 2019. Si a su presidente, Juan Carlos Patarroyo, se le pregunta qué es vivir en la B, habla de un drama sin vacuna. “Es peor que el covid-19”. Cuenta, con un halo de resignación, que la B es el peor drama para un equipo acostumbrado a la A: “Es como caer en un hoyo oscuro por donde nadie pasa a darle la mano para ayudarle a salir. Todos le dan la espalda, como si a propósito uno descendiera, por gusto. Patrocinadores, gobernación y alcaldía, cero ayuda. Pero eso sí, todo el mundo exige ascender”, dice. En el caso de Huila, sus patrocinadores se redujeron en un 85 por ciento, según el presidente.

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En la B no valemos nada. No nos transmiten, en los medios no existimos. A los patrocinadores no les importamos. La B es el caos

Y nada garantiza que el que cae regrese pronto. América, el equipo que tiene de símbolo un diablo, luchó cinco años para salir de ese infierno. Cortuluá es otro que conoce bien ese drama. Su presidente, Ignacio Martán, ha vivido la bonanza del lado A y la crisis del lado B. “Si estás en la B, vales un peso; si estás 
en la A, vales mil”, dice.

Afirma que una mala decisión puede costar un descenso. La suya, afirma, fue apostar por jugadores jóvenes, lo cual puede ilusionar una vez, pero no dos.

“Es muy feo estar en la B. No tienes difusión, no podemos vender un producto. Yo prefiero no tener plata, pero ser mediático, que me vean, así vendo. En la B no valemos nada. No nos transmiten, en los medios no existimos. A los patrocinadores no les importamos. La B es el caos”, dice Martán.

El tránsito del descenso lo padecen los que realmente quieren estar en la A. Lo curioso es que hay unos que se quedaron a vivir en la B. Quindío es su inquilino desde 2013. Unión Magdalena pasó 13 años antes de ascender en 2019. Real Cartagena vive ahí desde 2012. Esas estadías de segunda clase han hecho correr el mito de que hay equipos que no tienen afán por dejar la B, donde en todo caso reciben los dineros de la TV. Los equipos clase A (que llevan tres años seguidos en Primera) se llevan la parte grande del pastel, incluso si están en la B: un 90 por ciento dividido en partes iguales. Y nadie los obliga a invertir.

“Hay equipos de la A en la B y algunos sí queremos ascender, como Huila o Cortuluá (actualmente en los cuadrangulares del ascenso), pero otros son cómodos y no les importa eso. Y hay otros clase B, que están en la B, a los que no les importa nada. Sobreviven porque no hay un descenso a una C, son equipos anticompetitivos”, agrega Martán.

Boyacá Chicó

Boyacá Chicó

Foto:

Dimayor

Para Carlos González Puche, director ejecutivo de Acolfutpro, el impacto de irse a la B depende de qué equipo cae y con qué intenciones de regresar. “En este momento de pandemia, sin hinchas, no hay impacto desde lo económico. Si desciende Chicó o Pereira, ambos son tipo A, por lo tanto ganarán lo mismo que ganan ahora. Van a tener una competencia mucho menos exigente y no van a tener que preocuparse por descender.La decisión es qué tanto inviertan para buscar el ascenso, porque a muchos eso no les preocupa». 

El sistema caníbal

Chicó y Pereira fueron los últimos ascendidos, hace año y medio, y ya están en el abismo del regreso. Padecen la lógica del sistema del descenso, en el que se acumulan los puntos de los últimos seis torneos, solo que los que ascienden entran a jugarse la vida con los mismos puntos del último que se salvó.

Chicó y Pereira no alcanzaron a quitarse ese lastre, y por eso uno de los dos caerá. En las asambleas de la Dimayor han propuesto modificaciones a este sistema, como que el descenso sea directo: una mala campaña sería la condena para irse a la B. Pero el fantasma asusta a más de uno.

Claro, no solo este sistema caníbal condena. Hay quienes hacen sus propios méritos. Pereira es un club que está en proceso de liquidación desde 2013, por sus deudas incumplidas. Este campeonato arrancó con un DT y ya tiene otro, con el que logró reaccionar. Apenas ha ganado 3 partidos y acaba de recibir una multa de $ 36 millones por emplear jugadores con covid frente al DIM.

Chicó hace lo propio para no desentonar: cambió de DT (Bélmer Aguilar) antes de que arrancara el campeonato. El equipo, cuyo dueño es el vehemente Pimentel, no muestra tal ímpetu en la cancha. Su reciente polémica fue por jugar contra Águilas, que tenía 7 jugadores, y sufrir para hacerle el primer gol.

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Al todo o nada

Ni en Chicó ni en Pereira quieren invocar al fantasma. Han hablado del descenso desde que ascendieron. Ya solo les queda jugar y prender las velas. El presidente de Chicó, Ricardo Hoyos, cree ciegamente en la permanencia de su equipo.

el grupo está muy unido para salir a ganar, a hacer lo de nosotros. Confiando en Dios mantendremos la categoría

“Estamos motivados, como siempre; el grupo está muy unido para salir a ganar, a hacer lo de nosotros. Confiando en Dios mantendremos la categoría. Desafortunadamente los que ascienden están condenados a descender inmediatamente por este tema del promedio”, dice Hoyos.

Alexis Márquez es un símbolo del Pereira. Fue su arquero, vivió muchos duelos, en la A y en la B. Hoy es el DT. Podrá quedar en la historia como el símbolo que salvó al equipo o el que no pudo. Corre ese riesgo, pero está motivado.

“Sabemos lo que significa un triunfo, que sería asegurar la permanencia en la A; pero hay que estar tranquilos, con la cabeza bien puesta, siendo muy efectivos arriba y sólidos en lo defensivo. Hemos levantado y el resultado se nos va a dar. Venimos con confianza alta, más no relajados. La idea es salir a ganar”, dice Márquez.

La confianza es la misma, pero los milagros no se comparten. Para uno de los dos, la catástrofe del descenso será oficial. Pereira y Chicó no jugarán para ser héroes; se conformarán con ser los sobrevivientes del infierno de la B.

Las cuentas

Boyacá Chicó, último de la tabla del descenso, y Deportivo Pereira, penúltimo, tienen los mismos puntos en el acumulado, 110. Sin embargo, la diferencia de gol favorece al cuadro matecaña, con -70, frente a -76 del equipo boyacense. Para quedarse en la A, Pereira debe ganar frente a Pasto y esperar que Chicó no gane por más de seis goles. Si empata, necesita que Chicó pierda o empate. Si pierde, solo le sirve la derrota de Chicó. El equipo de Boyacá, que recibe a Jaguares, necesita ganar y que Pereira pierda o empate. Si empata, necesita que Pereira pierda. Si cae, se va a la B. Ambos partidos, a las 3:30 p. m. TV: Win Sports Online.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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