¿Cómo se hace un campeón de Copa Libertadores?

Jugar la Copa Libertadores es una obsesión para cualquier club. Es un salvavidas económico para algunos, y una oportunidad de prestigio internacional, y de negocios, para otros. Muchos llegan, participan, libran dignas batallas, y se marchan, silenciosos. Otros hacen ruido y dicen que la quieren pelear, pero en el camino se dan cuenta de que no tienen caballería, como les está pasando a los clubes colombianos desde 2018. Desde ahí no clasifican a octavos de final. Y hay otros que existen para disputarla siempre, porque tienen los recursos, las nóminas o el proyecto para la conquista.

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La Copa Libertadores no es un juego. Se trata de una competición exigente, una verdadera batalla. Ningún club la gana con la camiseta. En la Copa los grandes no se comen a los chicos tan fácil. Todos pelean y patalean. Hay orgullo, rivalidad, localías adversas, entornos difíciles. Por eso la tarea es más sencilla para los poderosos, los que tienen una chequera abierta que les permite invertir, armar equipazos que se adaptan a la exigencia.

Basta con mirar los últimos campeones. Flamengo, el del 2019 tiene hoy un valor en el mercado de 128.000 millones de euros, según el portal especializado Transfermarkt. Palmeiras, monarca actual, atesora una plantilla con valor por 119 millones de euros. River, el campeón del 2018, se tasa en 114 millones de euros. Con esas arcas ganar la Copa no es una obsesión sino una obligación. Sobre todo porque la desigualdad es tan grande como el Maracaná.

Los demás equipos, como los colombianos, que vivieron otra pesadilla en la Copa de esta edición, no llegan a rasguñar esas cifras. Junior, finalista de la Suramericana en 2018, vale en el marcado 23 millones de euros. ¡Lejos! Y Atlético Nacional, el otro equipo que tiene músculo financiero en el país, llega a 20 millones.

Con esas finanzas sacan pecho en la Liga, pero afuera, agachan la cabeza. El jugador mejor valorado del momento a nivel local es Duván Vergara, del América, con 4,5 millones de euros. Rafael Santos Borré, de River, esta cotizado en 15 millones de euros y al alza. Las diferencias son astronómicas.

Flamengo

Los jugadores de Flamengo celebran con el trofeo de campeones de la Copa Libertadores 2019 este sábado tras la final ante River Plate, en el estadio Monumental en Lima (Perú).

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La Copa siempre tiene a sus favoritos. Esos equipos que salen a la cancha con la presión de los que no pueden ser segundos. Ahí siempre están los brasileños y los argentinos, que no solo tienen los ingresos para invertir en nóminas pesadas, sino que tienen cierta mentalidad: juegan para ganar.

Los brasileños llevan seis Libertadores en los últimos 10 años (Flamengo, Palmeiras, Gremio, Mineiro, Corinthians y Santos). Siempre parten como favoritos, aunque de vez en cuando sufren. Flamengo tuvo que esperar 38 años para ser rey de América. El popular club carioca, el de más de 40 millones de hinchas, tuvo una ruidosa resurrección. Esa temporada quiso la corona y la diseñó: llevó a un director técnico (DT) portugués, Jorge Jesus, tuvo a un goleador en estado de gracia como Gabriel ‘Gabigol’ Barbosa, que hizo 9 tantos. Fichó a experimentados de Europa como Filipe Luis y Rafinha, e invirtió 11 millones de dólares por Gerson, proveniente de la Roma.

Ese plantel, según Transfermarkt, valió 137 millones de dólares. Cahé Mota, periodista de Globo Esporte, de Brasil, cree que la clave fue la mezcla entre la inversión y la elección del DT.

“Sin duda lo diferencial fue la metodología implementada por Jorge Jesus. No solamente táctica, sino por su conducción en el día a día, potencializando las cualidades de un plantel montado, que se perfeccionó en el mercado”, dice.

Sin duda lo diferencial fue la metodología implementada por Jorge Jesus. No solamente táctica, sino por su conducción en el día a día

Ni hablar de los equipos argentinos, que han ganado tres Libertadores en la última década, dos de ellas de River, y una de San Lorenzo. River salió de las cenizas de la B, a donde cayó en 2011, para incendiar el continente. Su fórmula también gira alrededor del DT, Marcelo Gallardo, que llegó en 2014 y llevó al equipo a la reconquista internacional, con dos títulos (2015, 2018), un subtítulo (2019) y dos semifinales (2017 y 2010).

Diego Borinsky, periodista argentino autor de las biografías de Matías Almeyda, Gallardo y Andrés D’Alessandro, le atribuye el éxito al DT. “Gallardo adquirió continuidad, ya se van a cumplir siete años de su llegada. Priorizó los chicos del club y trajo otros de afuera. Se transformó en especialista en las series mano a mano, cambiando tácticas permanentemente, y priorizó siempre lo internacional sobre lo local.

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Logró que River tuviera la jerarquía afuera. Y ha tenido la tranquilidad de manejar el proyecto de inferiores, que le permitió ver qué jugadores le servían, además, acertó con los que compró, los bancó (aguantó), como al Pity Martínez y Nacho Fernández, a pesar de que la gente no los quería”, opina.

River genera muchos recursos y fue piloteando. El éxito internacional le permite vender a buen precio y recaudar.

Borinsky analiza que River logró solventar un déficit económico que arrastraba desde su caída a la B, y lo hizo gracias a sus participaciones internacionales. “River genera muchos recursos y fue piloteando. El éxito internacional le permite vender a buen precio y recaudar. A comienzos de 2018 gastó mucho en Lucas Pratto, Franco Armani, Juanfer Quintero, pero también vendió caro. En los últimos años se ve la diferencia entre los equipos de Argentina y Brasil respecto al resto”.

Ese ciclo internacional, bien aprovechado, puede generar sostenibilidad en estos clubes. Es que ganar la Copa Libertadores le garantiza al campeón, para esta edición, 15 millones de dólares, eso sin contar los premios que acumula en cada fase del torneo.

Un proyecto sólido

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No siempre la chequera manda. Hay equipos que se les han atravesado a estos monstruos. Llegan sin hacer ruido. Su silencio es su afilada lanza. Y luego han dado el golpe. Lo hizo Atlético Nacional en el 2016, o el Independiente del Valle de Ecuador, finalista ese año y luego campeón de la Copa Suramericana. Ellos apostaron al proyecto deportivo para equiparar las cargas monetarias.

Atlético Nacional, 2016

Atlético Nacional, 2016

Nacional ha sido el último equipo colombiano en gritar “campeón de América”, un año después de que Santa Fe ganara la Suramericana en 2015. Nacional, uno de los equipos más fuertes a nivel local, con un respaldo económico envidiable en el medio, no fue campeón de la noche a la mañana.

El club, consciente de que pelear con chequera era una guerra desigual, apostó al proyecto que inició en el año 2010. Víctor Marulanda, quien fue el director deportivo en ese ciclo, cuenta detalles de esa gestión.

“Primero hicimos un diagnóstico sobre lo que era Nacional. Ahí generamos el objetivo general: queríamos ser la institución deportiva con el mayor reconocimiento de Colombia hacia afuera. Queríamos ser el equipo con mayor cantidad de minutos en participaciones internacionales, estar siempre en semis y finales. Para eso necesitábamos una estructura sólida, sostenible, con futbolistas integrales, competitivos a nivel local e internacional, y con soporte de fútbol base o formativo”, cuenta Marulanda.

Teníamos un DT con conocimiento y metodología como Juan Carlos Osorio, y empezamos a traer jugadores que nos ayudaran a transformar la cultura del camerino.

“Empezamos con el tema de la infraestructura, como tener verdaderos campos y un centro de desarrollo y formación deportiva. Esto va ligado a un objetivo estratégico que es la gestión de nómina. Teníamos un DT con conocimiento y metodología como Juan Carlos Osorio, y empezamos a traer jugadores que nos ayudaran a transformar la cultura del camerino. Eso se soporta con jugadores de mucho carácter, con recorrido y que estén en el perfil que queríamos”, dice.

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En el año 2015, se fue Osorio y llegó Reinaldo Rueda, quien encontró un proyecto construido y sólido. Desde su llegada, la consigna fue una sola: querían la Copa Libertadores en 2016.

“Teníamos un equipo reconocido. Con buen soporte económico, metodológico y buena respuesta de los jugadores. Ante una solicitud del profe y la comisión técnica, fuimos a la junta directiva y tomamos un riesgo: salir a buscar jugadores de primer nivel para poder nivelar con los equipos del continente. Salimos al mercado por 3 o 4 jugadores muy costosos. Internacionalmente no llegábamos a esas chequeras de los otros del continente. Pero tomamos el riesgo. Pedimos una plata, buscando un retorno que se soportaba en ir a la Copa, ir a Japón y revender jugadores. Teníamos jugadores de costo alto para el mercado local, pero con lo colectivo podíamos salir a pelearle a cualquiera afuera”, comentó.

Ese Nacional, con jugadores como Armani, Daniel Bocanegra, Farid Díaz, el goleador Miguel Borja que llegó en la parte final, Sebastián Pérez o Marlos Moreno, derrotó en la final a Independiente del Valle y se coronó campeón. El proyecto estaba consumado. Ese mismo año Nacional fue finalista de la Suramericana, en el famoso título otorgado al Chapecoense.

Su rival en esa final fue el equipo ecuatoriano, uno de los clubes que ha dado saltos agigantados en los últimos años. Independiente del Valle también apostó por un sólido proyecto que involucraba todas las esferas del club, con el propósito de entrar a la pelea, a arrebatarles una parte del pastel a los grandes.

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Le luchó esa Copa a Nacional y en el 2019 ganó la Suramericana. El periodista ecuatoriano Alex Puruncajas del diario El Comercio de Ecuador, así lo analiza: “El proyecto es exitoso porque tiene una estructura sólida de formación de jóvenes talentos. Hasta antes de la pandemia, en la residencia del club vivían más de 100 juveniles que recibían educación, alimentación y formación futbolística. De ahí dan el salto a Primera. El club los exporta y obtiene réditos económicos para sostenerse. Funciona porque el club no tiene presión para ganar títulos. Esa fórmula no daría resultados en Liga de Quito o Barcelona”, dice.

Todos sueñan con la Copa Libertadores, pero esta no se encuentra debajo de la almohada. Hace falta tener los recursos, o un proyecto deportivo tan sólido que permita desafiar el poder económico.

PABLO ROMERO
Redactor de EL TIEMPO
@PabloRomeroET

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