Análisis: Colombia sigue firme con la Copa, ¿hasta dónde?

El fútbol colombiano, más que nunca, fue esta semana el reflejo de la convulsión en que ha vivido el país desde el pasado 28 de abril. Las protestas tienen parada la Liga local y pusieron en duda la Copa América. Sin embargo, el ministro del Deporte, Ernesto Lucena, salió ayer a asegurar que Colombia sigue firme con la realización del torneo.

“Nosotros vamos a ir hasta el final. Trabajamos juntos con Conmebol y Federación. Desde hace dos años venimos trabajando con los ministerios y alcaldías. Venimos trabajando en cada una de las aristas”, dijo Lucena en rueda de prensa.

“Respetamos las decisiones de Conmebol y vamos con la de esta semana, que es jugársela por el torneo en Colombia. No podemos permitir que la política internacional se meta en el torneo”, agregó.

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Lucena aseguró que no se ha fijado ninguna fecha para determinar un posible cambio de sede. “No hay ningún ultimátum. No nos han dicho que si en tal fecha no estamos, no vamos a tener la sede. Seguimos evaluando con los ministerios correspondientes en los dos temas más cruciales, salud y seguridad”, señaló.

Lo sucedido en estas dos semanas sembró dudas adicionales a las que ya existían por la pandemia. Ya la semana pasada hubo que mover los partidos de los torneos internacionales de la Conmebol –las copas Libertadores y Suramericana– a Paraguay y Ecuador, para evitar inconvenientes con las manifestaciones del paro nacional.

El tema es que el paro se mantiene, la Liga local está suspendida y los dirigentes del fútbol quisieron dar una muestra de que, en medio de la convulsión social, se podían desarrollar los partidos internacionales teniendo en el horizonte la próxima fecha de la eliminatoria del Mundial de Catar 2022 (8 de junio, en Barranquilla, contra Argentina) y la Copa América, en la que Colombia es una de las sedes, desde el 13 de junio.

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El miércoles, Junior fue local contra River Plate en el estadio Romelio Martínez, de Barranquilla, en la Copa Libertadores. Durante el minuto de silencio que se hace en todos los partidos que organiza la Conmebol como homenaje a las víctimas del covid-19, lo que menos hubo fue eso, silencio: se oían claramente las detonaciones y estruendos en medio de las protestas que había en los alrededores del estadio, y hubo que suspender el partido temporalmente porque gases lacrimógenos entraron a la cancha.

La escena se repitió 24 horas después, cuando América recibió en el mismo estadio a Atlético Mineiro, ante la imposibilidad de jugar en su sede natural de Cali, ciudad particularmente convulsionada por el paro nacional. Esta vez, el partido se detuvo no una, sino cinco veces, por los gases que llegaron al campo de juego. De hecho, América, el único equipo colombiano que será local esta semana, no jugará en el país: será local contra Deportivo La Guaira en Santa Cruz de la Sierra (Bolivia), el miércoles.

América vs Mineiro

Everson, arquero de Atlético Mineiro, se protege de los gases.

La Conmebol se había jugado una carta importante esta semana: no solo quiso demostrar que se podía jugar en Colombia, sino que el jueves, apenas horas después de los disturbios antes y durante el partido entre Junior y River, respaldó a Colombia e hizo firmar un compromiso por escrito de que el torneo seguía en pie.

“Para nosotros esta fue una reunión ordinaria de revisión y actualización de trabajos y avances para mantenernos al día sobre la organización de la Copa América de Colombia y Argentina. Nosotros no hemos puesto en duda nunca las sedes, por eso no sacamos pronunciamientos en comunicados porque no somos responsables de los rumores que puede haber. No hemos ratificado ninguna sede porque siempre han sido esas. No hay ‘plan B’ porque para nosotros nunca han estado en duda las sedes por los trabajos que se han venido haciendo y por las garantías que nos han ofrecido ambos gobiernos”, le explicó un vocero de la Conmebol a EL TIEMPO.

Sin embargo, la situación vivida en Barranquilla generó efectos internacionales de opinión inmediatos y severos. Marcelo Gallardo, entrenador del River Plate, dijo: “No es normal jugar en una situación tan inestable como la que vive el pueblo colombiano. Con gases lacrimógenos en el partido, escuchando estruendos, es una situación anormal en todo sentido, no podemos mirar a otro lado”.

«Es irrespetuoso hablar de fútbol cuando están pasando hechos lamentables afuera de la cancha»

“Es irrespetuoso hablar de fútbol cuando están pasando hechos lamentables afuera de la cancha”, opinó, por su parte, Diego Latorre, exfutbolista y ahora comentarista de ESPN, en plena transmisión. “En 32 años narrando fútbol nunca vi algo así”, dijo, a su vez, el narrador de Fox Sports Brasil.

“No había condiciones, no conseguíamos quedarnos dentro del campo. Ardía todo de verdad, los ojos, la nariz, la garganta. Una de las peores cosas que pasé jugando fútbol”, declaró, a su vez, Guga, jugador de Atlético Mineiro.

Incluso, el tema comienza a trascender hacia los participantes en el torneo. “Nosotros no definimos la competición, es la Conmebol, pero les dejamos claro que no queremos que ocurra en la Copa América lo que pasó en el partido entre América y Atlético Mineiro”, enfatizó Tite, el técnico de la Selección de Brasil.

Para completar, en la antesala del partido entre Atlético Nacional y Nacional de Uruguay, en Pereira, un grupo de manifestantes intentó impedir la salida de los uruguayos al estadio. El partido comenzó una hora tarde.

Conveniencia

¿Qué consecuencias puede tener esto? “Con esta insistencia en hacer los partidos y demostrar que se podían jugar, pues se genera un mayor riesgo en medio de los problemas y sale el efecto contrario al que se estaba buscando: si alguien quiere hacer un daño o enviar un mensaje, pues lo hace en una competencia que tiene eco, y más internacional”, le dijo a EL TIEMPO Rodrigo Pardo García-Peña, excanciller de la República y periodista. “Creo que aquí, en este tema, incluyendo la próxima Copa América, hay demasiada confianza y demasiado interés en sacar las cosas inmediatamente, incurriendo así en riesgos mayores”, agregó.

Tres años de historias

 Rodrigo Pardo.

Foto:

Juan Manuel Vargas / EL TIEMPO

Este diario contactó a Ramón Jesurún, presidente de la Federación Colombiana de Fútbol, para conocer su opinión acerca de lo que está sucediendo. Sin embargo, el directivo se excusó y dijo que se referirá al tema la próxima semana.

El miércoles, antes de los partidos en Barranquilla y apenas 24 horas después del lanzamiento de la canción oficial de la Copa América, Jesurún habló en la emisora Antena 2: “(La Copa América…) Es un torneo que se celebraría con todos los protocolos de seguridad. Pero bueno, tenemos que entender que hay una situación muy difícil, pero seguimos trabajando en la idea que lo podemos hacer. Sería una gran derrota para el país no hacerla”, dijo.

El dirigente recordó lo sucedido en 1982, cuando Colombia renunció a la Copa del Mundo que, finalmente, organizó México en 1986: “Somos el único país en el planeta que ha renunciado a un torneo como el Mundial. Escucho voces que van en contra de la Copa América, pero repito, este torneo le traerá beneficios al país. Uno entiende el problema social, pero el decir anticipadamente no lo hagamos, pues… Si no se hace aquí, igual se hará en otra parte. Son muchas voces que dicen eso y no las entiendo”, puntualizó Jesurún.

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Uno de los hechos que llamaron la atención esta semana fue la decisión de jugar los dos partidos en Barranquilla, la ciudad que, tradicionalmente, ha recibido los partidos de la Selección en la eliminatoria.

“Creo que el Gobierno se equivocó permitiendo los partidos, porque estamos en una crisis de legitimidad particularmente de las instituciones públicas. Por eso, en medio de la situación, la alternativa que tienen los gobiernos es buscar elementos de unidad, y uno de los que más unidad tiene en nuestro país es la Selección Colombia de fútbol, que jugará la eliminatoria y la Copa América”, señaló César Caballero, politólogo y presidente de Cifras y Conceptos, firma que a finales de abril publicó su encuesta Polimétrica sobre los jóvenes del país.

“Nuestra encuesta reveló que uno de los lugares donde menos protestas ha habido es en Barranquilla, pero los partidos lograron lo que no había hecho ninguno de los otros elementos del paro nacional en esa ciudad: convocar a un montón de jóvenes a protestar, pero alrededor de los partidos”, argumentó Caballero, quien agregó: “La gente, además, no protesta contra el fútbol. Protesta contra el Gobierno y contra los dirigentes del fútbol”.

Andrés Dávila Ladrón de Guevara, politólogo de la Universidad Javeriana, consideró: “Aquí, en Colombia, estábamos acostumbrados a que el fútbol no se detuvo por nada, ni por las elecciones perdidas por la Anapo a comienzos de los 70, ni por la toma del Palacio de Justicia o la muerte de Luis Carlos Galán en los ochenta, y también nos acostumbramos a que el fútbol apaciguaba los ánimos nacionales. Pero ya hemos visto experiencias internacionales recientes que han demostrado lo contrario, en países donde han sido más prudentes: una final de la Copa Libertadores en Argentina se tuvo que ir a Madrid. Chile perdió la sede de otra final de la Libertadores por una situación similar de protesta social. Hace unas semanas, en Inglaterra, hinchas invadieron la cancha y no se jugó el partido entre Manchester United y Liverpool”, recordó.

¿Qué hacer para que la Copa se pueda desarrollar sin problemas? “Sería mejor ir a un ritmo más seguro, esperar que se puedan controlar por lo menos parcialmente los daños y construir las condiciones para que se puedan hacer los eventos sin el peligro tan grande bajo el que se están haciendo”, opinó Pardo.

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“Hipotéticamente, creo que hoy el fútbol y la Copa América, así como lo fue la reforma tributaria, se volvió otro motivo de indignación”, insistió Dávila.

El fútbol en Colombia se juega su partido más difícil de seguridad, garantía y confianza, pues los gases lacrimógenos irritando los ojos y los estruendos alrededor del estadio aún afectan y retumban en el continente.

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