Adiós a la lente del ciclismo

Alberto Urrego nació para el ciclismo y para la fotografía. Qué difícil es escribir estas líneas, contar que ya no está para estar atento en las llegadas de una etapa con el fin de obtener el instante preciso cuando el ganador de la jornada pisaba de primero la línea de sentencia en la fracción de una competencia ciclística.

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Era de los que recorría los trazados de un prólogo o una etapa contrarreloj para escoger el mejor sitio. “Una curva es suficiente, por ahí pasan todos”, decía, y se sentaba en el asfalto para hacer su trabajo, plasmar el momento exacto de un triunfo o una derrota.

Alberto se formó en la revista Mundo Ciclístico, al lado de su hermano, Héctor Urrego, el ‘profe’, quien le confió la dirección de fotografía.

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Múltiples vueltas a Colombia, incontables clásicos RCN y muchas vueltas de la Juventud cubrió, siempre dispuesto a dar lo mejor, con lluvia, frío o calor, en un Platón de una camioneta, en una moto o a pie en tierra.

Fue el Tour de Francia, en Europa trabajó al lado de los fotógrafos de ciclismo más experimentados y allá también logró las mejores imágenes de la carrera más importante del mundo.

Fue el encargado de crear al grupo de reporteros gráficos del desaparecido Diario Deportivo y tuvo la ocasión de cubrir el Mundial de Fútbol de Estados Unidos 94 y el Mundial de Ciclismo de 1995.

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El departamento de fotografía del diario El Espacio también fue testigo de su ardua labor, por un periodo laboró en EL TIEMPO y regreso a Mundo Ciclístico.

Era una persona alegre, buen amigo, de una calidad humana gigante y un excelente compañero de cubrimientos, siempre dispuesto a contarle al periodista el detalle que vio, la historia que sabía podía ser de interés. Alberto amaba los Wolkswagen escarabajo, tuvo varios y los cacharreaba cada vez que podía.

La familia del ciclismo y del periodismo lo llora y despide a uno de los íconos de la reportería gráfica del ciclismo.

Ya no volverá a obturar. Su ojo de águila para lograr la mejor imagen de una llegada se cerró. Vuela alto, Alberto, vuela…